FresnIrak

Busco, no encuentro.
Retiradas están las carreteras desiertas.
Noticias inciertas
nunca narran lo que ven las personas:
lluvia de plomo y plata a la vista.
¿AltaVista? No, Zacatecas.
No, Fresnillo.
Fresnillo con su nostálgica vista.

Conduces por las calles, ellas te conducen,
te toman y te dicen: acá es el barrio,
acá en la esquina una tienda, acá la casa de doña Licha,
acá de la de don Chito y acá…
La foto.
La foto de un desaparecido, la foto de tú primo,
la foto de tú amigo, la foto de un des(re)conocido, la calle donde dejaron un desvivido.
“Esto no puede seguir así ¿Cuántos hemos perdido?”

¿FresnIrack? Crack, crack, crack.
¿Y qué hiciste tú por tu ciudad?
¿Darte golpes de pecho?
Vete a la Purificación y reza tres padres nuestros,
vete a la capilla del barrio y llena los rosarios con kilómetros
de plegarias mirando al cielo.
Mira,
mira,
eso no importa cuando estás
en el lecho de tu madre
con el corazón deshecho
buscando cómo financiar tu ataúd estrecho.

¿FresnIrack? Crack, crack, crack.
Nómbrale como quieras.
La ves, la juzgas y con tú empatía a medias
me dices que tus cicatrices valen más, como si aquí vivieras.
Te da temor cruzar Calera
y te caes de tu muro.

Cambio.
¿Qué tipo de cambio?
Los 40 pesos que te dan
cuando partes a la capital para decir
“vaya, espero que cuando regrese, ya no sea como antes”.
Y no regresas
(salvo para navidad
donde te esperan los mismos).

¿Salvadores ustedes?
Conducen en sus camionetas
y nunca ven detrás,
desde sus vidrios oscuros
se reflejan los sepulcros.

Hoy solo hago textos
con el pretexto
de que nunca falte otro hipertexto
que represente una parte de la realidad apurada
por las balas,
las injusticias,
los estúpidos políticos,
la muerte.

Ay mis manos,
mis letras,
lo que he perdido,
los ríos de sangre y plata.

509L

Danzando sobre una trompeta
los versos estriban en la mitad del ocaso,
la musa ha callado en la alegoría de la noche desierta
y las serenatas han dado un paso hacia el olvido.

Vagas entre las melodías,
tocas las cenizas del cielo, de los claros que son oscuros y de los
oscuros que son claros
y anhelas relojes que han perdido el tik tak del sosiego.
¿Sosiego?

Máscaras aparecen en las lagunas de las rápidas formas del sepulcro,
de la travesía perdida a la caricia del terruño.
¿Dónde queda el local ermitaño desconcertado?
Sólo las llamadas de los callejones bicéfalos han de conversar con las
avenidas marchitas sobre su paradero.

¿Escuchas los tambores?
Pedestales, de hojas tras hojas forman el ritmo que les dan a los sueños
el recuerdo de la infancia,
el beso de aquella sensación que parte de la vista escuchada.
Mientras el ritmo sigue su trayecto
la repetición del claro de luna le sigue en su constante extinción.

Kilómetros muestran las letras ordenadas con presunciones efímeras.
Escucha:
ahora es el bolero de dos extraños,
dos bailarines que se han esfumado en los arpegios.
El silencio llega cuando se navega entre los incendios del 509 y ahora las
guitarras tocan para la casa destruida.

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