Quebradilla

El faro de la noche, 
la subida pesada,
la tres que no pasaba,
la bajada a la vida bohemia.

Existencia estudiantil,
ermitaño de su luz,
pero no de su sombra,
plagado de un sueño.
Hambre, hambre, hambre.
Sensación reconocida.

Hace mucho, en mi vida del otro costado,
hice lo mismo que tú, ansiaba lo mismo que tú,
pasar y ser el bohemio acostumbrado:
cómo me ves, te verás;
cómo te ves, me vi.

Con el licor en la mente,
nada consciente,
lo miré y le dije:
no confundas el silencio,
mamá me enseñó a ver sin desprecio.

En el espejo, ¿qué ves?
En tu lengua se inspira
toda la mierda que existe
y que te tiene en la miseria
de estar tan cerca de tu ciencia,
pero tan lejos de tu complacencia.

Quebradilla,
matando el tiempo en una silla.
Quebradilla, cerca de la enfermería.
Llegando al puente
para la noche agobiante.

"Léeme algo, no importa si no estoy consciente",
me dijo con lo que le quedaba de su semblante.
Cada vez menos sonriente.

“Los mayores lo saben, y por eso nombran
a la región Balún Canán”.


¿Cómo se encuentra en esta noche?
"No muy bien, creo se cayó el parche",
fue lo que escuché.
Vamos, señora Carmen, luché.
"Chamaco, toda mi vida fue eso,
pero esta noche,
solo quiero que Dios me escuché
y me de asilo en su ala,
que desde pequeña mi alma clama,
cuando en un andén de los de Chihuahua,
supe que una sombra con una lanza,
destruyó mi vida y las de mis hijas".

“Capítulo 1, y entonces coléricos,
Nos desposeyeron, nos arrebataron
Lo que habíamos atesorado: la palabra”.


Es de día Carmelita,
debo de volver.
"Cuídate mijo,
perdóname por ser una carga".
Carmelita, no digas eso,
eres siempre con quién confieso,
los pecados que atravieso,
y me mantienen preso.

¡Vámonos negro!
hay que volver a Fresno.
Dime, si vas a volver algún día,
si dejo una luz encendida
,
si mato de un golpe este amor...

Pén-du-lo

“Si no está él, 
escúchame,
tú tienes que hacerlo,
no debes de ser lo mismo
que él.”

Casa,
casa prestada,
casa construida,
producto de la Insurgentes,
casa llena de entes,
casa partida,
partida de la casa.

Frío en ambos corazones,
ninguno da razones,
guiados por las pasiones
de la juventud,
pero sin resolver panteones.

La misma actitud,
buscar la plenitud
para salir de la pobreza marcada por el ataúd,
salir de la Insurgentes y su amplitud.

Casa,
casa prestada,
casa construida,
casa producto de la Insurgentes,
casa llena de entes,
casa partida,
partida de la casa.

Escúchame,
¿por qué ya no me miras?
¿tengo que creerte otras diez mentiras?
Cálmate,
el pasado me agobia, aunque esa postura no sea obvia,
pero no quiero que la casa se vaya por la borda,
que tú y yo sigamos perdiendo, siempre perdiendo.

Cállate,
la vergüenza está en mis ojos,
Por siempre intentar
contigo conectar.
Pero, esto es un péndulo.
Mírame,
el cansancio en mis ojos se vislumbra,
no tengo fuerza,
el frio me sofoca
y no puedo entender ni mi sombra.
Dos almas con conexión,
dos historias con una misma incertidumbre
tratando que sus flores,
crecieran en lugares más allá de la Insurgentes
y a la vez
tan cerca.

El pecho es pesado,
eso es lo que te has ganado,
por todo lo que he pasado,
por culpa de tu engaño.
Casa,
casa prestada,
casa construida,
producto de la Insurgentes,
casa llena de entes,
casa partida,
partida de la casa.

Todas las cartas emitidas,
las rosas no recibidas,
tal vez puede haberte celebrado,
pero mi corazón maltrecho
siempre estuvo acorralado,
nunca le enseñaron a dar
lo que nunca le habían dado.

Casa,
casa prestada,
casa construida,
cada producto de la Insurgentes,
casa llena de entes,
casa partida,
partida de la aasa.

En un mundo perfecto
ambos corazones jamás se separaron.
En un mundo perfecto
el amor no se había suicidado.
En un mundo perfecto
ambos se perdonaron.
En un mundo perfecto,
debajo del árbol y la lluvia de junio,
jamás hubiera llorado.

Casa destruida,
casa incendiada,
casa odiada.
Casa reconstruida,
casa que se habita,
casa transformada,
casa llamada
casa.

“Si no está ella,
Escúchame,
Tú tienes que hacerlo,
No debes de ser lo mismo que ella”.

Yahir Macías

Los ocasos duelen, 
una carga rodea la butaca. 
Los recuerdos piensan dos veces. 
Las ventanas y el olor a flores
muestran la partida de tu alma. 

Una cama de piedra
desde varias estaciones no la encuentro.
Los mensajes de los primeros minutos. 
La sensación de sentir quinientos lutos. 

Promesas creadas
por las tardes lejanas, 
jugando con el tiempo y sus migajas, 
para ver si puedo entender
porque esos lentes jamás ya volví a ver. 

Aquellos lentes que se casaron, 
que para Guadalupe lo mandaron, 
pero que regresaron
para estar conmigo un instante. 

La terapeuta preguntando. 
Las respuestas, 
el sentimiento de 
desahogo efímero.
Las manos que me atraparon debajo de mi cama. 
Otra vez, otra vez: culpa, culpa. 
El fuego arde sobre el fuego, 
El #4 siente el articulo 123 romperse. 
El fuego consume las máscaras que aparecen, 
en la parte del tedio. 

Las bromas, las voces entre las albercas, 
los besos prohibidos entre la maleza. 
Entre tú y la L:
el verano encerrado. 
¿Las pantallas?
Los trovadores que no reconocimos en su momento, 
pero ahora KDOT sabe que es lo que cuento. 
El momento se reconoce en sus letras, 
Tu rostro, tu “Alito” 
que nos hace falta 
en las tardes de domingo de visita.
			
                        Yahir, 
				nuestros itinerarios absurdos. 
			Te mantendré en mi mente por muchos lustros. 

Desde San Andrés

¿Conociste al cantante Bob Dylan? 
Nacido por el Che,
abandonado por el mayor,
el refugio en 20 pesos o menor.
Pasar las penas en el sur.

Abandoné la escuela a los 16
cuando Omar murió.
El Che nos dejó
y nada pude hacer para volver
de aquella Progreso de mi infancia
sin alcohol para beber.

Masculinidades mezcladas con alcohol,
de Norte a Sur,
de Sur a Norte.
Muchacho, tienes que.
Debes.
Pretendes.
No debes de.
Hicimos un refugio para ustedes
que se convirtió en una cárcel.

Vida de un Coyote:
vagar por la avenida,
correr hacia a la esquina,
dormir cobijado del frío,
de puerta en puerta.
También llegar con mis hermanos,
dominar el arte de extrañar,
pero también el de olvidar.

Masculinidad represiva,
tomas sin dejarme en paz.
Mamá tratando de detenerlo.
Juro que nunca tomé ese dinero.

¿La respuesta? Salir de casa
después de los 12 años
y con 20 pesos
para seguir los pasos,
encontrar el refugio.
La cárcel.

La huesuda tocó mi puerta,
pero yo no alcancé a abrirla.
La banqueta
me arrastró a su dormitorio.

Masculinidades mezcladas con alcohol,
de Norte a Sur,
de Sur a Norte.
Muchacho, tienes que.
Debes.
Pretendes.
No debes de.
Hicimos un refugio para ustedes
que se convirtió en una cárcel.

Hacia Estados Unidos,
tuve que despedirme de la Gloria,
mi Santa María Tomatlán,
mi San Andrés.

Espíritus, compañeros de cruce,
en mí se encontraba el refugio,
la cárcel.
Distancia y trabajo mal pagado,
la sensación de ser deportado.

Con 20 pesos: refugio.
Y en otro país estar
y no poder regresar.

Una figura me rescató,
no tenía por qué hacerlo.
Desde Jalisco llegó.
La cárcel, el bote, los espíritus.
Todo lo vuelvo a ver
cuando en el refugio me quiero esconder.

Masculinidades mezcladas con alcohol,
de Norte a Sur,
de Sur a Norte.
Muchacho, tienes que.
Debes.
Pretendes.
No debes de.
Hicimos un refugio para ustedes
que se convirtió en una cárcel.

Insurgentes, este es tu hijo

Buscar figuras en las sombras, 
cambiar las cerraduras en el tiempo,
las palabras, los dolores añejos.
Todo para salir de las carreteras
y beber el encuentro.

El lugar donde antes estaba el minero,
saludar y no sentir desencuentro,
entendiendo que solo fue un momento.
Para reencontrarme con la noche y mi sueño,
sin insomnio, sin parálisis, sin muertos,
sin dobles sentidos.

Corazón que siempre siente,
pero que escucha la razón.
Razón y corazón que se han
desecho de la desilusión.
Corazón nuevo, corazón,
no dejes de bailar el miércoles de danzón.

Manos manchadas
de lo que se da y no se recibe.
Impregnadas,
ahora destinadas
a hablar con el silencio,
con su voz y su hilar
de dichos y contradichos,
bajo aquel lugar
entre los dedos y mis ojos.

Mente tras mente,
perdóname cien veces
cuando no he estado presente
y otras quinientas veinte
cuando callado estuve ausente.
Cuando creímos que, en el jardín,
crecían rosas sin espinas,
olvidando el clavel y las hortalizas.

Corazón que siempre siente,
pero que escucha la razón.
Razón y corazón que se han
deshecho de la desilusión.
Corazón nuevo, corazón,
no dejes de bailar el miércoles de danzón.

Carretera, 60 o 680 kilómetros.
Mantenme en el asfalto.
Quebradilla, la vida no se me va en una silla,
contempla el sueño sin pesadillas
de Carmelita y su despedida.

FresnIrack, crack, crack, crack.
La misma sangre apunta a su sangre,
pero tú hijo ha bajado su arma,
Para desaprender a a[r]marla.

Péndulo, aún de ti desaprendo,
tus texturas del tiempo,
de la culpa, el juicio.
Eso y la disculpa
para resolver mis panteones.

Ante la partida,
recuerda siempre el nombre
Yahir Macías.
Tu vida la llevo conmigo a cada esquina.

Desde San Andrés hasta el Norte.
Refugio,
punto y aparte,
masculinidad,
lo suficientemente consciente.
Decir:
eso no es ser hombre.

Insurgentes, este es tú hijo.
Conmigo vas y mi camino sigo.

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