Mujercitas ha sido mi libro favorito desde los once años y fue la primera novela que leí voluntariamente. Recuerdo que me llamó la atención el título. Hasta ese momento sólo conocía novelas con protagonistas masculinos que vivían tramas que no me interesaban en lo absoluto, así que ver una historia protagonizada por mujeres talentosas, auténticas, fuertes y creativas me impactó bastante.
Durante un tiempo mi personalidad se basó en Josephine March, ella era todo lo que yo sabía que quería ser, pero no me atrevía a serlo: inteligente, curiosa, con mucho que decir, con amor a sus hermanas y, sobre todo, Jo no soñaba con ser madre o tener un esposo, solo quería escribir y ver el mundo mientras ella y sus hermanas cumplían sus sueños. Con ella descubrí que no era “raro” el negarme a seguir las expectativas tradicionales que se tienen de una mujer y es que desde muy pequeña estuve peleada con la idea del amor y formar una familia. ¿Por qué? Ni siquiera yo lo sé con exactitud.
Sí, me llegaron a gustar dos o tres compañeros de clase durante mi pubertad, pero siempre llegaba a mi cabeza esa idea de que el tener novio no era más que una distracción, por lo que terminaba encontrando mil y un defectos a cualquiera que me gustase. Creo que nunca quise que alguno de ellos fuera mi novio realmente, aunque al final, como cualquier mortal, terminé cediendo y me enamoré. Pero ese no es el tema.
Cuando uno crece las ideas cambian, te vuelves más maduro y ambicioso con lo que deseas lograr. Terminar una carrera, hacer una maestría, después un doctorado, conseguir un buen trabajo, viajar por el mundo, comprar una casa y ser feliz. Ajá, todo eso; pero, ¿qué pasa cuando esos deseos cambian?
Nunca quise tener hijos. Me encanta ver videos de bebés siendo tiernos y todo eso, pero si pienso en lo caro que sale tener uno mis ganas desaparecen al instante. Creí que ese sería mi pensamiento toda la vida, pero me enamoré. No, no tengo hijos, ni estoy casada o algo similar, pero después de enamorarme en serio y tener una probadita imaginaria de lo que podría ser un futuro así, quedé encantada. Ya no pensaba que el doctorado fuese tan necesario, ni que era forzoso viajar por el mundo antes de los cuarenta y realmente no me molestaba la idea de sacrificar mis ganas de comprarme ropa cara para invertir ese dinero en mis futuros e inexistentes hijos.
En Mujercitas hay cuatro hermanas: Meg sueña con ser actriz, Jo quiere ser escritora, Beth toca bellísimo el piano y Amy ama pintar. El final es muy diferente a como ellas imaginan sus vidas, pero aquí las que más me interesan son Meg y Jo. En el 2019, la directora de cine Greta Gerwig lanzó su propia adaptación de la novela y hay una parte que, cada vez que la veo, me rompe el corazón: el día de la boda de Meg, ella y Jo están en una habitación preparándose para salir, entonces Jo se arrodilla frente a su hermana y le ruega que no se case diciéndole que trabajará para tener una vida juntas y que debería seguir con su sueño de ser actriz. Meg se niega y dice que ama a su prometido, Jo no entiende e insiste en que se aburrirá de él rápido, pero Meg la interrumpe: “solo porque mis sueños son diferentes a los tuyos, no significa que no sean importantes”. Ella quiere un hogar, una familia y no le importa trabajar para tenerlo, siempre y cuando lo haga junto al hombre que ama.
Ver esa escena fue como observar a mi yo de 12 años discutiendo con mi yo actual: ¿cambiar tan drásticamente de sueños es traicionarme a mí misma o es madurar? La idea de un futuro exitoso siempre estuvo presente en mí, pero mi lógica falló al no contemplar la posibilidad de poder estar con alguien más durante ese proceso. O después. O antes. No puedo dejar de pensar que me fallé a mí misma por tan siquiera pensar en eso y a veces creo que lo ideal sería encontrar a una persona cuando ya tenga toda mi vida resuelta, pero siendo realistas, las cosas nunca salen como uno las planea. No existe el momento perfecto, pues es uno mismo quien hace funcionar las cosas.
A veces pienso que mi pequeña yo era más auténtica que mi versión del presente. Por entonces, me sentía confiada y decidida con lo que quería, pero ahora no tengo idea de lo que está pasando, me he decepcionado de mí misma al ya no poder reconocerme, al ya no saber que me gusta o hacia donde voy. Pasé de ser Jo a ser Meg, de tener ambiciones a conformarme. Pero, que mis sueños actuales sean diferentes a mis metas iniciales no quiere decir que sean menos importantes, ¿no? La verdad es que tengo miedo. Tengo miedo a no cumplir las expectativas que tengo de mí misma. Tengo miedo de ser un fruto podrido en el árbol de higos.


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