Consagración
Nunca en la vida
mis ojos fueron nuevos
ni en mis piernas habitaron las hormigas.
No conocía de hambre
hasta que probé el dulce fruto
que guardas en ti,
no conocía mi voz
hasta que pronuncié tu nombre
ni la caricia escondida
que guardas entre tus dedos
no sabía que la espuma del mar
eres tú por las mañanas
ni que en tus ojos se encontraba mi ser.
No sabía que una no escoge
a quién pertenece.
Una sólo es.
Y yo soy de ti
como las hojas al otoño
y el frío a tu nariz,
como el destello a tus ojos cuando ríes
y la calma a mi pecho
cuando dices que me amas.
Yo soy de ti
como tus sueños a las letras
y tu mano a la mía.
No sabía que el viento
toma el cariño de los enamorados
y lo reparte a los que no tienen.
Nunca en la vida
pensé pertenecer
pero hoy elijo tu consagración,
canto tu alabanza
en las madrugadas.
Soy
devota de tu carne.
Virginia
¿Es esta mi nueva casa,
la que habito con más puertas qué ventanas?
¿O es mi casa aquella
en la que las paredes
pareciera que cada vez son más pequeñas,
que se mueven por la noche
para mostrarme cómo será mi féretro?
Pero ellas no saben
que el polvo
al que me convertiré
lleva al fuego de por medio.
Muerte al padre
I
¿Por qué querer retenerme en el plástico vacío?
Que todo lo que he hecho
te lo debo a ti.
Que todas las ideas,
las imágenes,
las puertas y ventanas,
son por ti.
Señor, en la jaula que me has metido
no te diste cuenta que dejaste un barrote suelto.
No te diste cuenta
que las aves tenemos pico,
ni que con él quebramos todo lo dicho.
No te diste cuenta,
Señor,
que yo no me sé quedar callada.
Y que toda tu desgracia
es tu alucinación de la mañana.
Uno. Dos. Tres.
Toma más testimonios
para echar[te] la soga al cuello.
Que al que no habla,
Dios no lo oye.
Pero al que grita
las mentiras de la tristeza ajena,
ese lleva la marca de Caín
por la tierra.
¿Qué te debo yo?
Ángel de la oscuridad
que moldeas las vidas
y encandilas
con tu lengua ponzoñosa.
¿Qué te debo yo?
Si a mi madre sólo la vida.
Y a ti,
ser que se arrastra
entre vaivenes,
entre lujurias secretas
y famas vacías.
A ti,
ser miserable,
que juega con los sueños
y calla la réplica.
A ti,
nada te debo
y de ti,
ya nada quiero.
II
¿Qué guarda tu falso espejo
si ya no te puedes mirar?
El ruido de tus párpados
ha caído en cada lágrima,
las cargas de tus hombros
te hacen ver más pequeña.
Mujer, ¿por qué te quedas ahí
si sólo te habita la desdicha?
¿Qué no ves que tus ojos
se quiebran en cada suspiro?
Y su voz sólo sentencia,
sólo critica
y te roba la calma.
Mujer,
no quieras la desgracia,
no abraces la tristeza
con los mismos brazos
que sostienen a tu hijo.
¿Qué no ves que él sin ti no existe?
Que él sin ti se pierde.
Mujer,
tú guardas la luz en tus entrañas.
gestas en tu vientre
la alegría del mañana.
No quieras habitar el pasado.
Has crecido ya del saco roto
en el que te metió.
A los hombres que mataron a mi ser
Discursivamente
se puede
matar a un hombre
de muchas formas.
Se le puede robar el alma
o apagar la llama.
“Tú no sirves para esto”,
sentenció el juez
y la guirnalda de esperanza
en paños quedó.
Ya no tienes casa
ni el cuchillo en tu garganta,
ya no hay quien te empuje a la orilla
ni quien te tire piedras hasta morir.
Pero el amor todo lo salva.
Que te maten entero.
Que los pocos pedazos
que han hecho de tu cuerpo
se los traguen enteros.
¿Pero quiénes son aquellos que apuntan el dedo?
No ven más allá de su sombra,
les come la desdicha,
les sale de los poros la culpa
y el miedo.
¿Quiénes son los que te han matado
y no se atreven a mirar el cuerpo?
Los niños de los reinos
Yo soy una niña
que habita entre los pétalos
del silencio
tú vienes a mi rescate
con los tallos como armas
a salvarme
de los ojos con cuchillas
que velan por mi espalda.
Tú eres el pájaro
que trae en su pico el regocijo
que juega la forma
y arrulla al sol.
Yo soy el fruto
tierno y bendito
que espera
en cada Alba
tu llegada.
Senegal
Que te encuentres en Senegal
rodeado de las risas que trae el agua,
que te borre la tristeza de los ojos
y los recuerdos de un dios lejano
que se lleve todo mal.
Santificado sea el medio.
Que en cada rostro del inocente halles la verdad de mis palabras,
el regocijo de lo que algún día tuvimos
y que vuelvas,
que te traiga Dios de vuelta a mis brazos
que entablemos el plan del mañana
y la acción de lo cotidiano.
Que sepas,
vida,
que en ti me hallo,
que en ti soy y nazco
que en mi vientre hemos forjado la espuma de esperanza,
la sed de la tierra
y el sueño de nuestras abuelas.
Que sepas,
escogerme cada día
como yo lo hago
encontrarme en las veredas
y en las tazas de café a medio tomar,
mirarme en las risas ajenas
custodiadas de miradas continuas corriendo enajenadas.
Que me sepas contigo,
aunque no me nombres.
Que yo,
vida,
te siento en cada rayo de sol,
te escucho susurrar mi nombre en el viento
y en las gotas de lluvia siento tus caricias,
que apareces en mi mente
con una risa sin igual
con la mirada perdida
y las manos frías.
Que sepas,
que te miro y tiemblo,
y hallo en ti la destreza de lo divino,
el juego eterno de construcción y coqueteo.
Que sepas,
vida,
que te quiero, que te pienso y que te anhelo.
Que no aguardo la hora para el reencuentro
ni para depositar mi calor en tus brazos.
Hállame,
corazón,
en tu pensar,
muy cerquita de Dios.
AUTORA






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