Muchas veces me he preguntado por qué me dicen rara. Me han dicho que es mi forma de expresarme, que soy muy sensible, que las cosas que me gustan son curiosas. Mi respuesta favorita siempre ha sido que solo soy “peculiar”, rasgo que me atribuyó una de mis mejores amigas después de que otro amigo le dijera que yo era muy rara, y terminó por gustarme. Suena pretencioso, pero lo acepté en su momento.
Cuando entré a la universidad me sentí alguien “normal” por primera vez en mi vida, pero crecer en un entorno donde te cuestionaban la mayoría de tus gustos afecta bastante a tu autopercepción. Siempre fui introvertida, más que nada era para limitarme a mí misma y porque no congeniaba con las cosas que hacían mis compañeros en su momento: nunca me gustó salir a fiestas, ni tomar alcohol y hasta la música que ellos escuchaban la sentía muy rara, pero al parecer la inadaptada era yo porque a todo el mundo le encantaban esas cosas. Siempre me sentí juzgada por los demás, ahora me juzgo yo misma y no hay necesidad de que alguien más lo haga. Es triste.
Conforme pasaron los años me encontré, pero cada tanto volvía a perderme y me encontraba otra vez. Actualmente sigo perdida, pero me entiendo mejor. Con ayuda del cine pude comprender mejor la causa de mi “rareza”: siento más de lo que entiendo. David Lynch es de mis directores de cine favoritos, y si lo conoces, sabes que la mayoría de sus fanáticos no entienden una gran parte de su trabajo —incluyéndome—, pero les encanta por su estética y las cosas que les hace sentir. Es como Cocteau Twins, una de mis bandas favoritas, si bien algunos lyrics de sus canciones sí tienen versos congruentes, dudo que la mayoría entendamos a la primera lo que canta Elizabeth Fraser, aunque nos hace sentir tanto…
Yo siento mucho, demasiado, pero no entiendo casi nada de lo que pasa dentro de mí al sentir. Podría decirse que soy profunda o que sobrepienso demasiado, pero para mí nada tiene sentido si no te hace sentir algo, aunque al final ni quiera entiendas lo que sientes. ¿Me explico?
Me parece que el mejor ejemplo para describir esto es el amor, algo clásico. Al inicio no sabes por qué amas a la persona, no entiendes qué fue lo que te hizo enamorarte de él o ella, pero lo sientes, también aplica cuando tu pareja ha hecho muchas cosas que no te gustan y estás harto de eso, pero aun así sientes amor. Eso siento yo con todo.
Ha sido difícil encontrar personas como yo, creo que solo he conocido dos o tres que les pasa lo mismo y hemos platicado sobre ello, pero nunca llegamos a una solución que nos ayude a ser menos sensibles. Creo que seré así toda mi vida y eso me preocupa.
Traté de fingir ser muy ruda e “igualada” hasta mi adolescencia, no recuerdo qué fue lo que me hizo vulnerarme más, pero es un cambio del que a veces me arrepiento. Una vez me dijeron que a veces sentían que hablaban con una niña pequeña y sensible en vez de una adulta de veintidós años cuando estaban conmigo. Eso me rompió el corazón, no siento que sea tan inmadura, pero sé que llego a hartar a las personas con mi fragilidad y eso me duele mucho.
Las veces que he tratado de bloquear lo que siento han sido las veces que más he sentido que me ahogo, pero también han sido los momentos en que las personas que me “soportan” han podido estar más tranquilas. Al inicio siempre es lindo y tierno, aunque finalmente termino siendo tediosa.
No sé cómo cambiar y me disculpo por eso, incluso me avergüenza, pero mi sensibilidad es mi rareza y un regalo a mí misma, porque no sé quién sería si no pudiera sentir tanto. Para mí, alguien que no siente la música, alguien que no llora al ver una película triste, alguien que no siente placer al probar su comida favorita o alguien que no se puede enamorar, es alguien muerto y yo tengo la certeza de que nunca voy a morir.
AUTORA



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