A grandes rasgos, la Danza de Moros y Cristianos es una expresión artística que representa la lucha y victoria de Santiago Apóstol sobre Pilatos, llevada a cabo en el atrio de la iglesia y diversas calles de Naolinco, Veracruz; y acompañada de música interpretada por una flauta y un tambor. En apariencia, podría aparentar poca diferencia con otras danzas de este tipo, pero lo que hace a esta tradición de Naolinco tan particular es el componente conocido como la “negreada”.
Poncio Pilatos, conocido como el gobernador romano que sentenció a muerte a Jesucristo; además de ello, perteneció a la orden ecuestre y fue el quinto gobernador de la provincia romana de Judea entre los años 26 d.C. y 36 d.C. Su figura siempre ha estado asociada a la pasión y muerte de Jesús, lo que ha contribuido a crear una imagen del personaje que posiblemente no sea la real. Por otro lado, Santiago Apóstol forma parte del círculo cercano de Jesucristo y fue uno de sus apóstoles. Después de la muerte de Jesús él se dedicó a predicar la nueva fe, contribuyendo a la difusión del cristianismo en Occidente. La danza tradicional de moros y cristianos representa los aspectos religiosos y de guerra de las históricas luchas entre los musulmanes y los reyes católicos que pretendían expulsar a los árabes de la península Ibérica, donde dominaron por más de ocho siglos.
Remontándonos a su origen, esta danza es introducida a la población indígena a raíz de la conquista española en México. Su representación más antigua corresponde a la España Medieval y en México hace su primera aparición en 1538, generalizándose en los siglos XVII y XVIII. Esta danza se difunde con la finalidad de cristianizar las danzas guerreras de los indígenas, portando el símbolo de la Santa Cruz. Uno de los principales precursores de esta danza fue Fray Buenaventura, un fraile franciscano que llega a México trayendo lo que conocemos como la Danza de Moros y Cristianos.
Dicha danza consta de los moros, que son representados por el rey Pilatos y el Sabario, que es el líder de diez combatientes que lo acompañan a los que llamamos “Santiagos”, estos pueden ser reconocidos por la media luna que llevan al final de su bonete que es un símbolo musulmán. Por otra parte, tenemos a los cristianos representados por tres danzantes: al frente el caballito conocido también como el Señor Santiago que es defensor de la religión católica, el cual lleva una cruz en la mano izquierda y, claro, un caballo de madera en la cintura; junto a él están los dos caines que son sus guardias/generales que lo acompañan propiamente. Dicho lo anterior, queda preguntarse: ¿pero aquí donde entran los “negros”?



Al continente americano llegaron esclavos traídos desde África entre los siglos XVI y XIX, algunas de las razones por las que había más personas afrodescendientes en esta región es porque Xalapa era uno de los lugares claves para la venta y compra de esclavos. Los llevaban a haciendas en los alrededores de Naolinco como lo fue Almolonga, Tenampa o el Espinal (por mencionar algunas); y de ahí comenzaron a relacionarse con la cultura y las dinámicas sociales locales. Su involucramiento en la Danza de Moros y Cristianos se da precisamente en este sentido, en un inicio llamados a bailar para que los caines o el Caballito les pegaran con una especie de fleje o machete sin filo, costumbre que con los años evolucionaría a una especie de juego en el ínter del baile en el que se comenzaba a esquivar los golpes en vez de únicamente recibirlos, forjando de este modo una nueva tradición y un baile más dinámico.

Pasado el tiempo se incluyeron también nuevos sincretismos a la danza: los negros empezaron a vestir máscaras de madera con forma de animales de origen africano como el elefante, el tigre, el búfalo o el jaguar, que se ponían junto con los ropones también conocidos como “dominó”, trajes que se siguen viendo en regiones aledañas como Almolonga. En la actualidad ya no son sólo negros los que participan en la danza en este sentido, sino que también los propios habitantes mestizos de Naolinco han empezado a hacerlo, agregando máscaras de calaveras, vampiros, piratas, apaches y personajes de ciencia ficción, las cuales son elaboradas por artesanos naolinqueños que, año con año, buscan retarse a sí mismos creando máscaras sumamente elaboradas, tardándose entre 4 días a 8 meses dependiendo la dificultad. Todas las máscaras elaboradas son de madera y son acompañadas con una vestimenta que hace alusión a un carnaval con disfraces completamente diferentes y con sus propios ciclos de moda y tendencia.
A esta tradición también se han implementado el uso de garrotes, una especie de palos gruesos para cubrirse la espalda, ya que ahí se reciben los golpes. La participación de los negros, por su parte, continua hasta la fecha y ha ganado tanta importancia en Naolinco que se le conoce más a la danza por “negreada” que por su nombre original, generando ciertas frases típicas alusivas a la danza como la de “ahí vienen los negros”.



La danza, en todo su esplendor, tiene un simbolismo bastante puntual en donde incluso el pasear el caballito el 20 de septiembre, hace una referencia a invitar a la gente a que asista a ver esta lucha entre el bien y el mal, entre los moros y los cristianos. Ahora bien, que la danza termine el 3 de octubre trae consigo el “huesito”, que no es más que un mini ataúd con un hueso, el cual hace alusión a la derrota del rey moro Pilatos (misma que se anuncia en el kiosco de Naolinco), a que ya no está, a que se ha ganado la guerra. En comparación al resto de elementos de la tradición, este último no tiene mucho tiempo y si acaso es posible datar su origen hace 100 o 120 años, y se hace con el fin de mostrarle a la gente que ya no había más danza, en un sentido menos literal que era “hora de enterrarlo”.
Algunos dicen que el no bailar o no saber hacer cortes y zapatos es como no ser propiamente naolinqueño y que al danzar se siente una emoción que es imposible de comparar con otra sensación o experiencia propia de la vida cotidiana. En definitiva que se tiene que vivir alguna vez en tu vida. Algunos de los que se han disfrazado como “negros” dicen que para aguantar toman una o dos copitas, mientras que otros dicen que tienes que vivir la experiencia en todo su esplendor sin “nada encima”. Eso es cosa de cada quien. Por otra parte, se ha visto un cambio en la danza, pero no en el aspecto del baile como tal, porque sigue siendo igual, los mismos sones y tiempos. El cambio está en el público. Ahora hay más gente, más negros, más gente que abraza la “negreada”, haciéndonos creer que la danza cambia cuando los que cambiamos somos nosotros como espectadores.


AUTORA Y FOTÓGRAFA







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