Perséfone Huye del Hades

Cansada de habitar el inframundo,
de lágrimas en pena,
Perséfone se escapa del averno.

La belleza del narciso y del ciprés
dejó de parecerle deslumbrante.
“Satisfácete con mentas y sauces
pues no serás ya nunca más mi Adonis”
le dijo la mujer antes de irse.

El fruto había perdido su poder,
Deméter le traerá la primavera.
En su suplicio, el rey de los muertos
lamenta que el invierno no se acabe
a través de los ríos de Caronte.

El señor que gobierna el más allá
ahora llora la pérdida
de la princesa de la primavera.
Hasta el Olimpo se oye su suspiro.



Sentencia de Vida

Caído del pozo de carne y sangre
forzado a respirar el fuego y contemplar las llamas,
llorando y gritando comienza esta travesía.

Sin recordar el crimen cometido cumplo mi condena,
arrastro estas cadenas a donde quiera que vaya,
hasta que un día estas me hundan de vuelta a la tierra.



Delirio

La lengua de las sombras es elocuente.
El vientre del cielo da a luz un nuevo día.
Cada que amanece me levanto de la lápida.

¿Acabará, pues, mi travesía en tragedia?
¿navegaré pronto en la barca de Caronte?
¿debería de arrojarme desde el precipicio?
¿es que alguien en el más allá me espera?

No lo sé.

Espero que dependa más de mí que de la suerte,
de otra manera la muerte sería un oprobio inescapable.

No habré de rechazar, pues, mi castigo
dictado por la suerte y por el tiempo
y el verdugo cosechará más primaveras.

Morir apacible junto a una estante de libros,
el fuego calentando, un diploma en la pared,
la misma mujer de hace cincuenta años
y unas cuantas llamas jóvenes,
esperando oír de nuevo una vieja historia.

El general también enfrenta al enemigo en casa,
con su conciencia, frente al espejo,
escudriñando entre las sombras de su rostro.

Esa podría ser mi canción,
quizá todos seamos los héroes de nuestras historias,
no todo el tiempo, y no a toda hora,
pero aceptar el reto de la existencia,
podría ser tan épico como triunfar en cien mil batallas.

Me digo que no hay nadie para comprobarlo,
hasta recordar que yo mismo soy alguien. 



Locura estival

Cuando Apolo se posa en lo alto
y el calor del verano derrite las calles
me sumerjo en acaloradas discusiones
y el sudor perla mi frente de angustia.

En las húmedas noches de julio
no consigo dormir en paz.
Espectrales llamaradas
me atormentan desde el lecho.

La sed del verano irriga los delirios
pero sé que el río está seco
como las gargantas de mi pueblo.
El oasis es un espejismo.

Bajo la brillante estrella
tan solo vivir resulta agotador.
El astro mayor castiga sus creaciones.
Con sus inclementes rayos de luz
reparte una seca muerte
que descompone todo lo vivo.

En las eternas llanuras del desierto
el sol de mediodía fustiga a los desposeídos,
navajas de fuego les cortan el aliento.

En la soledad del crudo verano
pobreza y locura son una misma
el calor humano se vuelve insoportable
cada hogar se convierte en un manicomio
donde el infierno son los demás.



Mar de Medianoche


Creí que este barco se hundiría,
antes de que te lanzaras por la borda.
El silencio del mar es absoluto,
y de noche sus aguas
son tan negras como el vacío.

AUTOR

2 respuestas a “Cinco poemas de Kevin Erives”

  1. Avatar de Alicia Chaparro
    Alicia Chaparro

    Buena Poesía; como que refleja el sentir de quien la escribe; un sentimiento callado y oculto en la mayoría de las personas.

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    1. Avatar de Kevin Erives
      Kevin Erives

      ¡Muchas gracias!

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